El científico social se enfrenta a un grave dilema; llegar a conclusiones válidas de tipo general, esta aseveración que luce sencilla en principio, esconde tras de sí uno de los mayores retos intelectuales, pues ante todo un observador (o estudioso) de lo social se enfrenta con una incapacidad natural para tener una visión generalizada y objetiva de los fenómenos sociales, esta imposibilidad de origen obliga a replantear el método y formas de estudio, dando como resultado congruente la necesidad de usar el razonamiento de corte inductivo (es decir, aquél que parte de un estudio de lo particular para generar conclusiones generales), este es el enunciado que podría definir de manera sencilla a la imaginación sociológica, una facultad que resulta indispensable en todo estudioso de la sociedad y aprovecha su desventaja como una herramienta más (precisamente porque un individuo está inmerso en un determinado contexto le es posible comprenderlo).
La imaginación sociológica es precisamente, esa habilidad para predecir (o establecer relaciones causales entre una determinada acción y el efecto producido por la misma), sin embargo dicha habilidad no tiene un método estricto o rígido pues precisamente el vocablo “imaginación” aduce a una previsión derivada de un análisis de múltiples posibilidades (aunque al final únicamente se presente un reducido número de todos los escenarios previstos), está capacidad de ampliar el panorama, no es en absoluto un patrimonio absoluto de los sociólogos sino que debe ser compartido por todo aquél que inmerso en la compleja estructura humana:
La imaginación sociológica permite a su poseedor comprender el escenario histórico más amplio en cuanto a su significado para la vida anterior y para la trayectoria exterior de diversidad de individuos. Ella le permite tener en cuenta cómo los individuos, en el tumulto de su experiencia cotidiana, son falsamente conscientes de sus posiciones sociales.
Dicho de otra manera, la imaginación sociológica permite al individuo adquirir su consciencia sobre su lugar en el mundo y más importante todavía, que su presencia por diminuta o miserable que sea, afecta de alguna manera el curso de la historia, la consciencia individual sobre una dimensión social conduce al sujeto a la formulación de las principales interrogantes que han orientado a todos los estudios sociales:
1) ¿Cuál es la estructura de esta sociedad particular en su conjunto? ¿Cuáles son sus componentes esenciales y como se relacionan entre sí? ¿En qué se diferencian de otras formas de organización social? ¿Cuáles son, dentro de ella, el rasgo particular que da origen a su continuidad o cambio?
2) ¿Qué lugar ocupa esta sociedad dentro de la historia humana? ¿Cuál es su lugar en el desenvolvimiento de conjunto de la humanidad y qué significa para él? ¿Cómo afecta cada rasgo particular que estamos observando, al período histórico que tiene lugar? ¿Cuáles son las características de este período? ¿Cuáles son sus modos característicos de hacer historia?
3) ¿Qué variedades de hombres y mujeres prevalecen ahora en ésta sociedad y en este período? ¿Y qué variedades están empezando a prevalecer? ¿Qué clase de naturaleza humana observamos en la conducta y carácter que se presentan en este período? ¿Y cuál será el concepto de naturaleza humana que revisaremos para observar cada uno de los rasgos de la sociedad examinada?
Cuando un estudioso aplica con éxito la imaginación sociológica es capaz de obtener resultados satisfactorios, pues del aparente análisis de cuestiones externas (y en apariencia tan distantes), ocurren efectos en los aspectos íntimos del individuo humano.
Un valioso aporte de aplicación de imaginación sociológica es el establecimiento de diferencias entre las “inquietudes personales del medio” y “los problemas públicos de la estructura social” (los primeros se refieren al limitado ámbito de la vida privada del individuo, es decir aquéllos círculos con los que tiene una relación directa e inmediata, mientras que los segundos responden a un ambiente entre instituciones dentro de la realidad histórica), el discernimiento entre ambos aspectos ayuda entre otras cuestiones a determinar si la situación presente es un problema personal o si bien, es derivado de una cuestión institucional, cuando un problema transgrede la esfera de los personal, es cuando el científico social realiza su noble labor de estudio y análisis.
El estudio debe tener en cuenta una cuestión trascendental, cuando la persona se enfrenta a una amenaza de sus valores, la respuesta natural es la inquietud, dependiendo de la expansión de inquietudes nacerá un problema público y en caso de que la amenaza atente contra todo el sistema de valores entonces se hablará de una situación de pánico ¿Es posible determinar entonces que la ausencia de una reacción a una “amenaza” es algo adecuado? La respuesta es no, la indiferencia es en sí misma una reacción que denota una falta de identificación de los individuos con los valores (y esta es también una preocupación para el sociólogo).
¿Cuál es exactamente el lugar de la Sociología como una ciencia? En principio la identificamos con las Ciencias Sociales (aquéllas cuya importancia radica precisamente en que se sustentan en la razón y desarrollo del hombre, de alí su importancia), el gran problema que surge y que es denominado como “La Gran Promesa” según Wright-Mills es que la llamada Ciencia se ha empeñado en un planteamiento que desentrañe el sentido y forma de las cosas (algo que por supuesto es completamente distinto a lo que en realidad sucede, pues al parecer entre más profundo se adentra un sujeto en un sistema, mayor es el número de dudas que surgen, dicho en otra manera la tarea de la ciencia no es en resolver todas las interrogantes de una sola sentada, sino ampliar el panorama para que con posterioridad puedan resolverse las interrogadas derivadas de una respuesta). La interacción humana tiene su lugar en la historia (por ello siempre es importante cualquier autor o lector, tenga plena consciencia de que la realidad y validez sobre la que versan las ideas, es aplicable en totalidad a ese momento, pero bien es cierto que la realidad historica puede presentar muchas similitudes en distintos. Es en el postulado anterior donde podemos situar a la llamada “Gran Teoría” que en según el postulado de Parsons, se referiere a las hipotesis que formula el científico después de estudiar las instituciones y sus relaciones (el nexo causal, sus aristas y características peculiares es lo que constituye tal adjetivo), pues son las instituciones quienes conforman el cuerpo normativo que da forma y rige a un cuerpo o ente social.
¿Cuál es la verdadera labor del sociológo? Principalmente la de colaborar para alcanzar un alto grado de bienestar, sl sociológo constituye un puente entre el político y la población ¿Cuál es el papel del sociológo frente al poder? En principio de independencia, pues un investigador social no debe limitarse a legitimar a las instituciones vigentes simple y llanamente porque existan (como tampoco debe incitar a una revuelta o depuración a través de un juicio basado en meras especulaciones y opiniones sibjetivizadas) pues si bien en cierto que todo hombre esta sujeto a un pensamiento derivado de su contexto, también es cierto que se requiere un cuestionamiento crítico en aras de lograr un adecuado estudio (el investigador debe asumir los ideales de la libertad y la razón). La labor del pensador social es bastante cercana a la de un maestro que tiene como finalidad que su alumno aprenda a aprender por sí mismo (similar al concepto propuesto por Montessori), ello busca dotar a los individuos de la suficiente consciencia para que actúen como público y no como una masa (expuesta a las inquietudes de quienes detentan el poder), pues no son pocas las ocasiones en que el estudioso de los social (a veces consciente y otras tantas sin desearlo; colabora a que un grupo detente el poder y manipule las cuestiones de índole pública como cuestiones meramente personales).
Nota: el autor emplea el concepto de la democracia como un ideal al que debe aspirar todos los pueblos y naciones pues supone un escenario de igualdad entre los sujetos, y sin embargo resulta interesante que defina a la democracia como un ideal inalcanzable (lo que claramente muestra que el concepto democracia es en obsoluto peligroso pues puede encaminar un sistema represivo capaz de montar una estructura de legitimación que de cómo resultado la concentración del poder en un pequeño grupo de personas que como bien díría Stuar Mill, no deben ser siquiera el grupo mayoritario sino simplemente el mejor organizado, pues en efecto aunque la democracia pudiera suponer un escenario deseable bajo determinadas condiciones también es cierto que hay otras formas de organización política que ofrecen varias virtudes.
Fuente: La Imaginación Sociológica de C. Wright-Mills, Traducción de Florentino M. Torner, Fondo de Cultura Económica, tercera edición, 2003.
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