La obra escrita por François Dubet puede ser definida como la crónica del tránsito de hombre en Francia para convertirse en un sociólogo. El objeto del escrito es precisamente, exponer la vía que siguió el actual profesor de la Universidad de Burdeos para convertirse en un investigador social.
¿Cómo empezó una de las más reconocidas escuelas sociológicas del mundo? Es una de la respuestas que más interesan a Dubet, quien inicia su relato exponiendo el incipiente inicio de la citada ciencia social, siendo rebajada en sus inicios a una subdisciplina totalmente dependiente del conocimiento filosófico, para posteriormente ser considerada como uno de los mayores aportes del marxismo (y la entonces, imperiosa necesidad del sociólogo de ser izquierdista), hasta el redescubrimiento de una autonomía exigida.
El profesor Dubet narra sus primeros pasos en la ciencia social, iniciando con la anécdota la que tuvo un primer acercamiento de la mano de Touraine, quien precisamente tuvo como objeto de investigación los movimientos sociales en la sociedad postindustrial (la línea que posteriormente continuaría el autor), es de especial interés señalar que el cambio más importante dentro de la hoy llamada escuela francesa, toma forma gracias a la intervención del grupo de los cuatro Boudun (movilidad social), Bordieu (elección racional), Crouzier (sociología de las organizaciones y acción pública) y el propio maestro de Dubet (aquí el cambio generacional es fácilmente apreciable, pues como es señalado, el movimiento social del 68 habría de marcar una nueva senda dentro de la ciencia que da nombre al título).
¿Cómo desarrollar un estudio sociológico? Es la pregunta que da origen a los siguientes capítulos, en estos podemos apreciar el método empleado por Touraine y sus asistentes para determinar en primera instancia, si efectivamente se trataba de un movimiento social y segundo; la interacción de este movimiento social con otros grupos de la sociedad (Dubet explica que si bien la presencia de movimientos sociales, era una situación innegable en muchos de los países, en la gran mayoría no suponía objeto de interés para la realización de un estudio), la metodología empleada fue denominada como la interacción sociológica: consistiendo en la selección de integrantes militantes y posteriormente, otorgarles un entorno apropiado para que reflexionaran sobre sí mismos (las razones y motivos se su pertenencia al movimiento) y su acción (si los actos realizados habían sido congruentes con el objetivo buscado, así como los efectos obtenidos, posterior al debate interno, se invita a los militantes para que tengan una discusión similar con sus antagonistas, el calificativo de intervención no es gratuito, pues al estar el investigador inmerso en el propio debate, puede llegar a considerársele como un partícipe del mismo.
¿Cómo fueron los resultados? Dubet señala, en un claro ejemplo de objetividad crítica, que muchos de lo que consideraban como movimientos sociales terminaban siendo descartados o bien, modificaban la perspectiva inicial de los investigadores (un claro ejemplo es observable en el movimiento universitario del 68, donde el conflicto principal no resulto, como muchos integrantes pensaban, la intervención capitalista sino en las diferencias surgidas entre los mismos pensadores de izquierda) dando como resultado un nuevo sentido al concepto de movimiento social (debemos señalar que Touraine calificaba a los movimientos sociales como los iniciadores de una crisis que tiene como resultado, un cambio social) citando a Dubet:
Comprendí que la sociedad no era reductible ni a un orden, ni a un mecanismo de dominación. Más exactamente, detrás de las categorías del orden y su reproducción, basta con tomarse el trabajo de ver que la vida social se construye como un drama, como un conjunto de tensiones, de luchas y resistencias.
Dubet habla de la transición que transcurre entre un cambio social que puede calificarse como determinante, y este último es el inicio de la sociedad postindustrial (lo que podemos definir como un decadentismo sobre las expectativas de la izquierda y más aun con la caída de los regímenes comunistas), así la supuesta homogeneidad de los movimientos sociales, queda totalmente fragmentada y obliga al investigador a centrarse en otro tipo de movimientos que hasta el momento o bien no se consideraban relevantes o su percepción era bastante menor (un caso ocurrió con los inmigrantes, otro con los jóvenes, principalmente los que habitaban zonas conflictivas), ante estos fenómenos “menores”, la reacción del investigador no queda hace sino aumentar, pues ahora que el criterio unificador parece no estar presente, es necesario notar la particularidad de lo observado para posteriormente, avanzar en la conclusiones generales (aquí Dubet realiza un análisis donde parte de la exclusión social de los jóvenes marginados y la el índice de criminalidad de estos últimos, dando como resultado que los crímenes cometidos por los grupos juveniles de área “rojas” se debe a un sentimiento de odio y rencor derivado de la falta de inclusión por parte de la sociedad de en la que están inmersos), así como queda determinado el objeto a violentar (la acción criminal de los jóvenes marginados tiene como principal objetivo atentar contra un orden que bien puede calificarse como “injusto” al menos desde la perspectiva del agresor, sin embargo muchas agresiones no estaban encaminadas a la destrucción del orden y su objetivo se limitaba a una forma de ejercer presión para obligar a los grupos de poder a ceder prerrogativas, principalmente en forma de apoyos sociales).
La siguiente parte del texto hacer referencia a como el autor se convirtió en un profesor de tiempo completo (adquiriendo de manera casi automática un nuevo campo de estudio; la escuela y los estudiantes), Dubet realiza una observación sobre las motivaciones y perspectivas estudiantiles. Destaca en este apartado la identificación realizada sobre las tres funciones sociales de la escuela: la integración de una cultura común, selección y jerarquización, y finalmente la función de subjetivización, todas estas funciones (que han sido clasificadas y nombradas por separado) se presentan como parte de la tarea educadora y son a la vez, generadores de desigualdad en una estructura que precisamente, se jacta de hacer iguales a los individuos, pues establece parámetros de competencia (bajo los cuáles se clasifica a quienes considera como aptos y los distingue de los ineptos). Posteriormente queda mostrado un desencanto por las autoridades (en términos precisos, los políticos) quienes implementan programas sin haber precisamente, realizado una investigación sociológica que sustente de manera sólida, la política o estrategia seleccionada.
Dubet, François La Experiencia Sociológica Editorial Gedisa, 2007
*David Hernández M. Licenciado en Derecho (UIA. Ciudad de México).
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